Saturday, January 5, 2008

Trigésimo sexta: Cumpleaños oportunista

Mi desconocida:
Celebrar mi cumpleaños, a la salida de las Navidades, se me hace cada año más irrespetuoso. 
Empiezo a pensar que debería comportarme de otro modo con estos festejos, que son de luz y lentejuelas, y no mezclarlos con mi cumpleaños, modesto, incoloro, de andar por casa; que sólo tiene el mérito de haberse colado en el calendario la noche de Reyes, como un intruso en medio de las fechas mágicas, en medio de la ilusión de los niños y el esplendor de las ciudades.
Se me ocurre  que este atrevimiento podría llegar a ser considerado como un abuso y un aprovechamiento del esfuerzo de los demás. De los presupuestos municipales, que me ponen  las luces. De los comerciantes, que ponen de gala sus escaparates. Y hasta de las panderetas, que suenan gratis desde los altavoces de las calles peatonales.
Creo que no se debería tomar un cava de cine y estrellas en un cumpleaños como el mío, sin brillantina, sin mito y sin glamour.
Por eso me siento irrespetuoso. Porque me veo como el paleto que se atreve a soltar un pequeño petardo en medio de la monumental tirada de fuegos artificiales; o como el espontáneo que sale al ruedo de la vida donde nadie le espera y se aprovecha de que por allí pasa la multitud para hacer una gracia y ser premiado con la ovación de la cortesía.
Por respeto a estas fiestas, debería evitar mi cumpleaños.

Le pido a la vida
que me ponga un beso en la mejilla.
Y una ilusión perdida.
Y las manos en la espalda.

Le pido que me ponga cerca del peligro.
Y se estire conmigo, para mirarme.
Y me deje andar por el filo del tejado
como quien anda por casa, tan tranquilo.

Y que aspire el aire
de la montaña.
Y me contagie con él, cada mañana.

Le pido a la vida
que me ponga un beso en la mejilla.

Posted by Ático at 22:32:17 | Permalink | Comments (6)