Saturday, December 15, 2007

Trigésimo tercera: Tu abanico

Mi desconocida:
Porque busco tu encuentro, te encuentro en todo lo que veo.
En una terraza urbana, a la vista del sol de invierno que se sorprende a sí mismo por su inesperada presencia, desde la mesa de enfrente, una mirada vuela. No es la paloma de la paz, que es el águila que baja rápido y rápido se va.
Cada vez que el ágil camarero rompe el espacio, con su ida y su vuelta, hay una tregua. Tras la tregua, la terraza se sosiega, las miradas se preparan y las dos águilas suben, se cruzan y casi se tocan. Las águilas vuelven y aterrizan en sus nidos con la misión cumplida.
Entonces se mueven las manos, que sí son palomas, y luego tus piernas, tomadas por el sol, pasarelas de la inquietud, alargadas hasta un final inconcreto.
Cuando todo está en su sitio: la mirada en el horizonte, las manos sobre la mesa, las piernas orgullosas, el vestido oculto tras el cuerpo, aparece tu abanico y me habla sin palabras.
¿Serás tú?


                                                        Gustav Klimt

Tu lenguaje no verbal


Tus manos aladas
Moverlas
Posarlas
Ponerlas
Quitarlas

Tu vestido nuevo
Sentirlo
Estirarlo
Subirlo
Bajarlo

Tus piernas cruzadas
Soltarlas
Juntarlas
Cruzarlas
Taparlas

Tu amplio abanico
Asirlo
Soltarlo
Abrirlo
Cerrarlo

Tu mirada discreta                         
Dejarla
que busque
a la otra  
mirada.

 

Posted by Ático at 13:08:08 | Permalink | Comments (4)