Trigésimo segunda: Me cohíbes
Mi desconocida:
Me has acompañado en el mensaje del silencio. Has sido mi compañera de nostalgia por un día. Me he sentido acompañado, sí. Pero también, desnudo, con los sentimientos al aire.
Por eso…
No me sigas tan de cerca, no te asomes tanto a mí, o verás mis defectos. Y eso me cohíbe.
Sepárate un poco. O, más bien, protégeme de ti. Disimula mis faltas. Me hace falta.
Uno de estos días me quitaré la armadura y te hablaré sin rodeos, sin esquinas, sin pellizcos al vocabulario. Desnudo de lenguaje te enseñaré mis debilidades, que son mis aparentes fortalezas. Me dejaré ir, contándolo todo.
Y tú me mirarás mientras hablo.

Porque me lees…
Porque me lees…
Vivo,
Escribo,
Siento,
Disfruto,
Padezco,
Y resucito.
Porque me das razones para eso.
Y eso, sin decirlo.
Porque me animas
cuando decaigo.
Porque vives mis flaquezas
como si fueran otra cosa.
Porque sabes hacerte la tonta
y mirar para otro lado
cuando resbalo
y me caigo.
Porque me das razones para sentirme bien.
Bien que lo haces,
sin decirlo.