Vigésimo octava: Una persona
Podemos aceptar que era una persona más. Una de tantas que nacen y mueren, buscan y dan. Por ejemplo, ella era de los que se dan.
Podemos aceptar que era una más. Una de tantas que sienten, padecen, incordian y sonríen. Porque ella era de las personas que siempre sonríen.
Podemos aceptar que era una persona como tantas que se relacionan con nosotros y que, en mayor o menos grado, aguantamos y nos aguantan. Porque, en efecto, ella sabía aguantar a los demás.
Podemos aceptar, por tanto, que era una persona más de las que pasan de largo.
No sé, entonces, por qué a partir de ahora todo volverá a su sitio y nada será igual.
Vuelan sin mover las alas
para que más se note
la inacción y el olvido.
.
Para que se consuma
el dolor
sordo
en las gargantas.
.
Ellas saben
resumir el dolor
sin palabras.
Podemos aceptar que era una más. Una de tantas que sienten, padecen, incordian y sonríen. Porque ella era de las personas que siempre sonríen.
Podemos aceptar que era una persona como tantas que se relacionan con nosotros y que, en mayor o menos grado, aguantamos y nos aguantan. Porque, en efecto, ella sabía aguantar a los demás.
Podemos aceptar, por tanto, que era una persona más de las que pasan de largo.
No sé, entonces, por qué a partir de ahora todo volverá a su sitio y nada será igual.

A la ciudad del olvido
.
Sirenas de dolor
recorren la ciudad
imitando el vuelo
de la despedida.
Vuelan sin mover las alas
para que más se note
la inacción y el olvido.
.
Para que se consuma
el dolor
sordo
en las gargantas.
.
Ellas saben
resumir el dolor
sin palabras.
.