Vigésimo séptima: Se apaga una vela
Había sido feliz, a pesar de no haberle faltado de nada.
Cuando recibió la noticia, tardó siete días en disponerse. Luego, todas sus vivencias se sucedieron, cogidas de la mano, como los vagones del tren que sale sin prisa de la estación.
Todo lo hizo siguiendo un orden.
Las llamó, de una en una, y con cada una tuvo su detalle. Con la más querida se detuvo a llorar.
Finalmente, repuso el ánimo en su sitio y le dio a las cosas su verdadera importancia. Sin muchas palabras.
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Cómo se apaga
. Se apagan las velas de una en una como en un rito. Sin alegrías. Como en el nacimiento de la noche sin estrellas. . Una de ellas, la más querida se va a su hora como la crónica de una muerte anunciada muchas veces presentida mil veces preparada y dolida tantas veces. . Se apaga en silencio. Como ha de ser.