Sunday, September 2, 2007

Vigésimo tercera: La rueda

Mi desconocida:

Salí con la misma ilusión del año pasado. Con los mismos pantalones y la misma camiseta. El chubasquero y las botas también eran las mismas; pero no así la mochila. La mochila era nueva.

Me levantaba a la misma hora, caminaba durante un espacio de tiempo similar y llegaba al albergue con el mismo cansancio. Recorría los mismos quilómetros y hacía los mismos descansos. Sin embargo, los paisajes eran otros, las gentes tenían otro sabor, y los albergues y los pueblos, también.

Salí con la misma ilusión del año pasado, pero con otra mochila.

Una señora, sentada a la puerta de su casa, tomaba la sombra - si es que la sombra se puede tomar tal y como se toma el sol - Parece que la sombra daba, a la misma hora, sobre el mismo lugar que le año pasado. Ella estaba sentada, también, en el mismo banco y en el mismo camino del mismo pueblo; que era tal desde hace siglos. Sin embargo, los caminantes que pasaban por delante de su vista, eran, en su mayoría, otros.

El mundo que he visto era el mismo y era otro, a la vez.

Por eso se entiende que haya salido con una mochila nueva y haya vuelto con una mochila usada. Aunque fuese la misma.

 

LA RUEDA

La primera mirada
desde la rueda
fue una mirada adolescente y plana.
La segunda,
ilusionada,
impulsó tanto la noria,
como hubiera de bajar
cuando bajara.
.
El giro ya es costumbre.
Se suceden las miradas
como cuentas de rosario
delicuescente y cansado.
Mirada circular y recurrente.
Es la mirada del pez
que pierde una nota en cada línea.
Es la rutina de la gente.
.
Ella, revestida de niña,
descubre algo nuevo
en cada vuelta del tiovivo.
.
Posted by Ático at 19:27:23 | Permalink | Comments (2)