Decimocuarta: Lectura / lectora
Mi desconocida:
Es, la lectura, nuestro cordón umbilical .
Deje que me vierta en ello, por tanto, en la mañana del sábado, y hable de leer mientras escribo.
Deje que me entusiasme con la lectura de primavera, cargada de vida, como la naturaleza, que llega en abril y se abre en flor a la novedad.
Por cierto, habrá observado usted, mi permanente desconocida, y no sin una cierta sonrisa, que le he reservado para esta charla un tratamiento inhabitual. No se inquiete. No vea, en el usted, otra cosa que el milagro del respeto que aprieta sin molestar. Que funde y no confunde. ¡Qué milagro, el de la madre tierna canaria, o latinoamericana, que trata de usted a sus polluelos! ¿Verdad? Se funden, la cercanía y el respeto. No vea en ello, pues, distancia. Sólo lo usaré cuando me sienta muy sensible a los pequeños movimientos. Y usted, lo notará.
Deje, ahora, que me pierda en el recuerdo de la lectura de invierno, compañera de chimenea, cómplice bajo el edredón.
Y, también, que me anticipe a la frívola lectura de verano, mojada por el deseo, pero, a la vez, protegida por las manchas de una crema solar impertinente.
Cada lectura, mi paciente desconocida, tiene su lectora. Si me atrae la lectura de primavera, también me estimula su lectora. Si cálida es, la lectura de invierno, su lectora se me antoja amorosa. Suelta y alegre, veo a la lectora de verano.
Y he dejado, sin mentar, a mi lectora favorita. Por algo será.
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Eos (Eduardo Laborda)
Lectora de otoño
Se encara al viento en la montaña sólida y redonda. Se entrega tranquila a la mañana tibia de un otoño. Recibe aliento en plena cara. Sentada deja que entre un pensamiento. Lo acoge como os digo con un libro entre las manos. Sosegada.