Undécima: No me lo cuentes
Mi desconocida:
La curiosidad es un cordel que tira y desaloja el sentido de la razón. Detrás de la historia desconocida se esconde el atractivo del misterio; y un caballo inquieto comienza el trote del desvelo, sin parar. Cuantas más dificultades afloren al camino, más acelerará su marcha. Ten cuidado. No le dejes galopar. No rasgues los velos de tu vida ante mí. Mantente en la cálida penumbra de la sinceridad necesaria sin pasar a la estridente claridad de los cristales rotos. Hazme saber lo que deba saber, envíame tus mensajes cifrados en la delicada clave del amor sincero. No hace falta que te rompas. El amor perfila, con pinceladas propias, la imagen de la amada. Y esas pinceladas tienen su propio sentido. No mienten, sólo mejoran la verdad. A veces nos ayudan. Por eso, mi desconocida, te pido que apartes el cristal roto que nos hiere. No mientas. Pero no hagas, tampoco, de la verdad un látigo. Sé, conmigo, cariñosamente sincera.
Te vas brotando despacio. y el relato con cautela se desnuda. . Se diría que procuras darle cuerda a mi ansiedad. . Mi deseo de saber - antes inquieto y sonriente- ahora exigente, agobiante, pide avanzar, hasta llegar sin parar. . Saber. Qué es saber. Saber… Navaja bajo el alma. Fuego a punto de encender. Agua a punto de saciar. . Sé que me quieres contar como se movió tu alma cuando los dedos de un extraño te mojaron en el cine, una tarde de verano. . No me lo cuentes.