Friday, May 18, 2007

Décima: Leerte

Mi desconocida:

Aquel verano pude conocer a mis tíos y pasar con ellos una corta temporada.

Dejé caer la propuesta, mientras comíamos, como si no me importara. Lo cierto es que mis padres la aceptaron con gusto y me enviaron a la playa, a casa de mi familia, al terminar el curso.

Mis tíos tenían una hija de la que se hablaba en casa mucho y bien. No me  atreví a preguntar por ella, al llegar a la estación; lo hice luego, en medio de una conversación banal. Sus padres mostraron gran pesar porque no estuviera con nosotros en esas fechas, a lo que yo resté importancia como pude.

Cierto día, mientras deambulaba por la casa, mi tía insistió para que entrara en el dormitorio de su hija y leyera alguno de sus libros. 

 Allí estaba su lectura, los libros que ella escogió y que probablemente amaba, las páginas que leyó, las que saciaron su curiosidad de mujer joven, las que le mostraron la vida por primera vez, las líneas en las que ella se emocionó.

Allí estaban sus prisas por llegar. Allí, su paciencia de lectora.

Me sentí invadiendo el rincón más íntimo de su alcoba. Y leyendo sus libros, la leí a ella.

 

 

 

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                            Leerte

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Acaricio el vello
de rebeldes sedas
que sombrea los bordes
de tu libro íntimo.
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Tu libro oculto,
guardado de miradas
que se extiende abierto
en el atril de la noche.
.
Tiemblan pálidas las hojas
en la débil luz
del quinqué nervioso.
Conmueve la espera.
.
Goza el aliento
mientras me acerco
a las páginas abiertas
a la espera de algo.
.
Páginas mojadas
por el dedo húmedo
de saliva limpia
de lector intenso.
.
Páginas que beso,
una por una,
lentamente,
intensamente;
con el deseo impaciente
de leerte.
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Posted by Ático in 23:21:11 | Permalink | Comments (10)