Cuadragésimo octava: Frágil geometría
Mi desconocida:
A las once en punto, el geómetra Euclides de Megara hacía un descanso en sus clases. En ese momento se levantaban todos. Cada uno llevaba su escuadra-silla, por él diseñada, hasta el otro patio, el patio soleado. Allí, alrededor de una fuente circular de chorros parabólicos, procedían al diálogo.
Entonces aparecía ella y servía el refresco.
Como era sabido, adoraba a su padre y admiraba su talento, su estética, su didáctica y su bien llevado albedrío. Disfrutaba del ambiente de la escuela, tan plácido y bien ordenado. Se movía con delicadeza, y de su mirada se desprendían la bondad y la inocencia. Gustaba de la música y las buenas maneras y vestía con delicada elegancia. Le agradaba moverse entre los alumnos, que eran hombres precisos y lógicos en la conversación y elegantes en el vestir.
El alumno Proclo, que no era delicado, ni esteta, ni estaba allí por su gusto, llegó una primavera disimulando mal su inocente brutalidad. Llegó y se hizo con la joven.
Un día, después de haberlo pensado, en medio de la comida familiar, ella dijo el nombre de su amante.
Nunca, hasta entonces, se había roto nada en la casa del geómetra.

Asimetría
Acercó la recta súbita y grosera
a su curva abundante
en la sombra del desnudo.
Desdibujó del todo
las formas más simétricas
del beso transparente.
Deshizo a su antojo
la cuidada armonía
tantas veces ensayada.
La penetró de un tajo.
A las once en punto, el geómetra Euclides de Megara hacía un descanso en sus clases. En ese momento se levantaban todos. Cada uno llevaba su escuadra-silla, por él diseñada, hasta el otro patio, el patio soleado. Allí, alrededor de una fuente circular de chorros parabólicos, procedían al diálogo.
Entonces aparecía ella y servía el refresco.
Como era sabido, adoraba a su padre y admiraba su talento, su estética, su didáctica y su bien llevado albedrío. Disfrutaba del ambiente de la escuela, tan plácido y bien ordenado. Se movía con delicadeza, y de su mirada se desprendían la bondad y la inocencia. Gustaba de la música y las buenas maneras y vestía con delicada elegancia. Le agradaba moverse entre los alumnos, que eran hombres precisos y lógicos en la conversación y elegantes en el vestir.
El alumno Proclo, que no era delicado, ni esteta, ni estaba allí por su gusto, llegó una primavera disimulando mal su inocente brutalidad. Llegó y se hizo con la joven.
Un día, después de haberlo pensado, en medio de la comida familiar, ella dijo el nombre de su amante.
Nunca, hasta entonces, se había roto nada en la casa del geómetra.

Asimetría
Acercó la recta súbita y groseraa su curva abundante
en la sombra del desnudo.
Desdibujó del todo
las formas más simétricas
del beso transparente.
Deshizo a su antojo
la cuidada armonía
tantas veces ensayada.
La penetró de un tajo.







Bonito y sugerente poema.
Besos secantes (Comment this)
:(
y hoy se me rebela la página!!! no me acepta el código para diferenciar de robot. A ver si va de ésta... (Comment this)