Vigésimo quinta: Cebolla
Mi desconocida:
Si no fuera porque, aquella mañana, la montaña se inundó de niebla, todo habría sido distinto.
Era un hombre con suerte. Era un hombre importante y lo ejercía., Era, para su edad, uno de los directivos más aprovechados y de mayor influencia de la zona, decían los periódicos. Y también, que pocas cosas se movían sin que él lo consintiera. Vivía con amplitud y dicen que satisfacción. Digamos que estaba instalado.
Si no fuera porque, aquella mañana, se le torció la brújula de la suerte, a estas horas estaría de vuelta; quizá ya duchado, quizá ya sentado confortablemente, quizá ya disfrutando de una conversación agradable, en una velada interesante. Como siempre.
Por eso, cuando tomó el camino equivocado -en un error casi imperceptible- algo cambió de modo radical: empezó a enfrentarse a su propia naturaleza.
Por eso, cuando tomó conciencia de que estaba perdido -en medio de no se sabe dónde- empezó a desnudar su personalidad como una cebolla a la que se le va retirando la ropa, pieza a pieza, capa a capa, con tan descarnada evidencia.
Por eso, si no fuera porque se perdió, no se habría puesto nervioso. De hecho, en su despacho no se ponía nervioso jamás. Sin embargo, en medio de la niebla, cuando cada rectificación se convertía en un nuevo error, se sintió muy solo y acabó perdiendo hasta los nervios.
En el Club, al que solía acudir habitualmente para hacer deporte y mantener su vida social, no se hubiese arrugado por algo tan nimio como el haberse retorcido un tobillo. Lo habría llevado con naturalidad. Casi diría que con elegancia. En cambio -en medio de no se sabe dónde- el tobillo era su vida, junto con su cabeza. Por eso, cuando perdió la funcionalidad del tobillo, perdió también la cabeza.
Decidió tirar con la mochila, que tanto le pesaba, y seguir arrastrándose sin saber adonde.
Le pesaba la mochila y le sobraba. Le pesaba su teléfono móvil descargado, y descargado, le sobraba. Le pesaban hasta sus múltiples tarjetas de crédito. Todo lo útil, ahora le pesaba y le sobraba.
Por eso, cuando se arrastró, durante horas, sin su mochila y sus pertenencias y sin sus recursos habituales, como un caracol sin rumbo, se sintió desnudo de todo lo que no fueran, su cuerpo y su ánimo. Allí estaba él. Lo demás, eran accesorios.
Por eso, aquella mañana de niebla -en medio de no se sabe dónde- el hombre cebolla se quedó desnudo.

Leonardo y la cuadratura humana
Paseo
He salido a la calle a darme un paseo y estirar las piernas de mi razón. . He vuelto cansado, pequeño y frágil. Solo he visto en mí, un hombre. Poca cosa. . Más encorvado, más humilde, más recogido sobre mí mismo. Más hombre. Más poca cosa. . He salido a la calle y he vuelto hecho un hombre. .






Besos, me ha gustado mucho (Comment this)
he quedado hechizada por tus palabras... (Comment this)
Me ha gustado tu blog, vendré seguido a verte.
Un beso grande para ti.
P.D. Gracias por pasar por mi blog, te enlazo al mío, vale? (Comment this)