Vigésimo tercera: La rueda
Mi desconocida:
Salí con la misma ilusión del año pasado. Con los mismos pantalones y la misma camiseta. El chubasquero y las botas también eran las mismas; pero no así la mochila. La mochila era nueva.
Me levantaba a la misma hora, caminaba durante un espacio de tiempo similar y llegaba al albergue con el mismo cansancio. Recorría los mismos quilómetros y hacía los mismos descansos. Sin embargo, los paisajes eran otros, las gentes tenían otro sabor, y los albergues y los pueblos, también.
Salí con la misma ilusión del año pasado, pero con otra mochila.
Una señora, sentada a la puerta de su casa, tomaba la sombra - si es que la sombra se puede tomar tal y como se toma el sol - Parece que la sombra daba, a la misma hora, sobre el mismo lugar que le año pasado. Ella estaba sentada, también, en el mismo banco y en el mismo camino del mismo pueblo; que era tal desde hace siglos. Sin embargo, los caminantes que pasaban por delante de su vista, eran, en su mayoría, otros.
El mundo que he visto era el mismo y era otro, a la vez.
Por eso se entiende que haya salido con una mochila nueva y haya vuelto con una mochila usada. Aunque fuese la misma.

LA RUEDA
La primera mirada desde la rueda fue una mirada adolescente y plana. La segunda, ilusionada, impulsó tanto la noria, como hubiera de bajar cuando bajara. . El giro ya es costumbre. Se suceden las miradas como cuentas de rosario delicuescente y cansado. Mirada circular y recurrente. Es la mirada del pez que pierde una nota en cada línea. Es la rutina de la gente. . Ella, revestida de niña, descubre algo nuevo en cada vuelta del tiovivo. .






Gracias por compartir este CAMINO. (Comment this)
Tengo que buscar la palabra "delicuescente".
Besitos (Comment this)