Sexagésimo cuarta: Decíamos ayer
(El verso de cada día)
Mi desconocida:
¿Por qué se para el poeta
en la pendiente
y se sienta solo, sereno, sano de sustancia y soledad
y levanta el gesto
como perro cazador
huérfano de ideas, de pasiones y perdices
para no oler sin pensar
ni tragarse el humo de lo cotidiano?
II
Seguro que caminó para otra cosa
que cubrir un trayecto.
III
¿Por qué no sabe preguntarse
(si no ha embrutecido antes)
si ya se ha prostituido la intención y la palabra?
IV
Estoy seguro de que se atropella con la respuesta
y de que la respuesta será siempre
un pavo real
con ojeras de noctámbulo
V
Quizá el poeta no sea más que un ruiseñor pobre
que habla para todos
y para nadie.
Y que nadie le tira la moneda
en su viejo sombrero
seguro de que morirá de insigne pobreza.
VI
De que se morirá digno y sucio
por dentro y por fuera.
Más por dentro que por fuera.
Y de que no es eso.
VII
Estoy seguro de que el poeta morirá de frío navideño
que es un morir tópico
como el morir del capón
seguro de que ser capón es más que ser mendigo
que cumplió con el recado de su vida.
De que ha sido eso.