Sábado, May 31, 2008

Quincuagésimo sexta: A contracorriente

Mi desconocida:
Mi amigo Longinos dice que cuando estaba embarcado y tenía miedo se buscaba gresca en el muelle, si estaba en tierra, o se ponía en proa si estaba en la mar.
Longinos nunca dice una palabra más de la cuenta.






El cuerpo no puede con tanto


Lleno.
Tan lleno, como si me hubiera vaciado de semen
para siempre. En un solo día.

Solemne.
Tan solemne, como el razonamiento que vomito
cuando quiero mentir. Sin mirar.

Ausente.
Tan ausente de mí, como si me encontrase conmigo
mismo. Y me presentase.

Austero.
Tan austero, tan escaso, tan vacante...
Tan lleno, tan solemne, tan ausente...

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Sábado, May 24, 2008

Quincuagésimo quinta: Tu silencio

Mi desconocida:
Interpreto tu silencio como lo que es.
Es tu sentido práctico de la vida, tu capacidad de resolver, tu facilidad para apartar lo que no debe ser.
Y por eso te admiro.
Es la imposición de la vida que empuja y no te puede. Tú puedes más.
Es la manera limpia de resolver.
No lo percibo como un desprecio; que sé que no lo es. Más bien lo interpreto como las cuerdas del límite.
Simplemente, sabes pararme sin hablar.
Y yo sé lo que no puedo pedir.



 



                       Desnudándome de amor

                                                 
Me iré desnudando,
tira a tira,
de la piel que esperaba tus caricias.
Vendaré las querencias
con cinta aislante.

Iré soltando amarras
 poquito a poco.
Sólo te pediré lo disponible.
Seré lógico.

Tiraré a los detritos de cada día
 un poco de corazón.
Se irá vaciando, honda y oscura,
la caverna de hombre donde se aloja.
Dejaré de ser tan tonto,
tan romántico.

Bueno,
pasaré un poco de ti.
Seré práctico.

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Sábado, May 17, 2008

Quincuagésimo cuarta: Descuido

Mi desconocida:

Hace tanto tiempo que te hablo sin retorno, embobado por las historias, embalado en la narración, embotado sobre mí mismo, que no le he dedicado tiempo y atención al hilo de plata que nos une.
Acabo de darme cuenta de ello.
Me alegra haberte recuperado.


                                                                                                                                    © Cayetano Arcidiácono


Elegido


Contento me has dejado esta mañana,
que me metiste las manos
en los bolsillos del alma.

Contento,
que me has sacado los forros;
que les has dado la vuelta,
y los has puesto al desnudo,
colgados en tu ventana.
Y solos.

Contento, entregado, tuyo.
Contento me has dejado esta mañana.



Posted by Ático at 23:11:40 | Permanent Link | Comments (3) |

Sábado, May 10, 2008

Quicuagésimo tercera: Restos de fusión

Mi desconocida:
Dice Longinos que de no ser por la importancia del momento y por una cierta debilidad, su mujer nunca le habría hablado de aquel desconocido.
Según ella, cuando lo vio entrar, desde el mismo momento en que lo vio entrar en aquel departamento de primera clase, lo identificó con el típico conquistador. Un creído. Era, en fin, el tipo de hombre que aborrecía.
Miró al desconocido aprovechando un descuido: tenía la sonrisa cínica, la mirada fría, el cuerpo agresivo y vestía con exageración.
El viaje fue largo. La necesidad de hablar hizo posible la conversación. Sólo así se explica que, después de algunas horas, las manos de él fueran más allá de lo esperado. Llegaron al fondo de lo protegido. Y ella lo recibió.
Cuando el túnel cesó y los cuerpos reposaron, lo miró de nuevo. Llenó sus ojos de él: tenía la sonrisa sincera, la mirada cálida, el cuerpo agradablemente provocador y su ropa era una caricia. Todo en él era definitivamente familiar. Como si lo conociese de toda la vida.
Dice Longinos que la culpa no fue de ella. Ni tampoco de él. Que la culpa la tuvo la mirada. Que se habían fundido en la mirada.



                                                                Tamara de Lempicka



Fundirse

Cruzarse las miradas,
encontrarse los labios,
cederse las lenguas,
mezclarse los sudores,
tomarse de las manos,
fundirse los pechos,
los vientres, los sexos...
No existe lo tuyo y lo mío.
Sólo lo nuestro.


Posted by Ático at 13:08:09 | Permanent Link | Comments (8) |

Sábado, May 03, 2008

Quincuagésimo segunda: Amputación

Mi desconocida:
Antes de que le amputaran su capacidad de hablar y conquistar con la palabra, antes de que le amputaran su capacidad de mirar y conquistar con la mirada, le pidieron que dijera su nombre. Él se dejó amputar.



                                                Antognetti


Te  bebí

En el sigilo de la vigilia de amante
me vinieron a apresar.
Me preguntaron por ti.

Negué tres veces
con la cabeza,
tal y como se miente.
Sin decir palabra.

Me pidieron que bebiese
entre tus piernas
para observarme.

Lo hice,
con las ganas que ahora muestro
y que acaban de salir
al paseo de la noche.

Te bebí por fuera.
Sin entrar en el líquido.

Te bebí.

Y mordí las palabras
que más me gustaban.



Posted by Ático at 11:57:01 | Permanent Link | Comments (4) |