Sábado, Marzo 29, 2008

Cuadragésimo séptima: Más por viejo que por hombre

Mi desconocida:
No es muy grande de brazos, de piernas, de manos. Tan poco es, que no le cabe bien su enorme corazón.
No es un potro joven de pelo terso. Tan estrenado está de años, que sabe más por viejo que por hombre.
No es un lebrel fugaz. Tan lentos son ya sus movimientos, que han pasado de ser admiración a ser poesía.

No es un hombre grande, ni joven, ni rápido. Es un hombre que ha estrenado la sonrisa.





Vapor del Puerto

El vapor
que no es vapor
y que es todo motor
y ruido.

Es una carraca
que sabe a barco
de verdad.

Que,
paso a paso,
se desplaza
y nos lleva despacio.

Es una hoja tranquila
que ronca en las aguas
y que deja vagar
a los sueños del día.

Es un lobo de mar
con heridas.

(Al vapor del Puerto de Santa María)




 

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Sábado, Marzo 15, 2008

Cuadragésimo sexta: Canela en la piedra

Mi desconocida:
Rebosaban alegría las terrazas en el interior de la plaza. El bullicio se encaraba al viajero y le invitaba a entrar en el  juego de miradas, tertulias y risas. La piedra, con su recto proceder castellano, abrazaba sin gestos, rodeaba sin palabras. Piedra enjoyada y austera a la vez.
Era un decorado de color canela.







Mujer de piedra canela


Asentada en los siglos
guardas la compostura
mirando al mundo con suficiencia
enjoyada
y recién llegada de la peluquería.

Sin embargo, por dentro, hierves
mujer de piedra canela.
Por dentro, hierves.

Por fuera, fría.
Por fuera, piedra.

Pero la piel de dentro
la que se deja lamer por el sol de la tarde
la que se deja tomar las medidas
es la piel que me queda de ti.

Me gustas más por dentro, mujer de piedra canela.


A la Plaza Mayor de Salamanca.







Posted by Ático at 18:34:02 | Permanent Link | Comments (5) |

Sábado, Marzo 08, 2008

Cuadragésimo quinta: París en la piedra

Mi desconocida:
Aquel día, que era de otoño, cuando el sol se acostaba con pereza contra las fachadas de los viejos edificios de La Plaza del Panteón, al calor de la Sorbona , sentí el sabor de la piedra y su nobleza.
Allí, en la ciudad donde mejor se escenifica el amor sin complejos, la piedra, además de ser un noble elemento constructivo, es, sobre todo, un gesto de mujer que ama desde la frágil ilusión de su primera madurez.
Aquel día, que era de otoño, el sol que se acostaba contra la piedra me hizo encoger el ánimo y sentir nostalgia del futuro.
Aquella tarde dejó en mí el sabor de una sonrisa; la sonrisa de la mujer madura, sonriente, plácida, comprensiva e ilusionada.
Me enamoré de París.








París estrena su madurez


La ciudad que soporta
sus tres cuartos de historia
sobre los hombros de piedra
es como la mujer que estrena su madurez.

La mujer que hoy espera
ilusionada aún
al Ulises amado
ya no es la misma que le despidió.

La que en Ítaca teje
sin desesperar
sabe lo que quiere, sabe ser feliz.

La que amamantó, en su día,
las piedras seculares,
las aprieta ahora
en su maternal Sena
con tranquilidad.

París, las piedras, las piedras...
Mujer ya madura, tranquila,
paciente, concesiva
y por qué no, inocente.

París estrena su madurez.





Posted by Ático at 16:19:14 | Permanent Link | Comments (5) |