Trigésimo novena: Inconsciencia
Mi desconocida:
Cuando él le pidió el beso, la niña no midió la distancia de la edad; sólo se ocupó de la distancia que le separaba de sus labios.
Cuando tuvo que satisfacer sin ganas, lo hizo con gusto por conseguir algún dinero y calmarle su ansia.
Cuando, finalmente, ella enfermó, pensó que por fin estarían juntos.
Creo que fue después de haberlo visto en su propio funeral, cuando empezó a sospechar que no era trigo limpio.

Inconsciencia de muerte
Fue tan dura tu primera estocada
que mis tripas la aceptaron impasibles;
casi diría
que con golosa acogida.
El pálido rostro que te mira
con sonrisa agradecida
y ausencia perpleja
te pide otra jugada antes de romper.
Y tú no esperas ni a dudarlo.
Tal es tu ansia de orgasmo
y violencia
que de nuevo me entras.
Y ahora sí
que la sangre me emborracha
y se me ablandan las piernas
al mirarte.
Casi me dice la mente,
ya consciente de que la vida se licua,
que no cuentes conmigo para el próximo baile.
Que asistiré de cuerpo presente.










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Yo no bu
Un
pero también vacant
Abrazos.
Gabriela