Monday, July 21, 2008

Sexagésimo tercera: Espera incierta

Mi desconocida:
Él ya no quería verla. Quizás, si se le hubiera preguntado antes, habría respondido de un modo diferente.
Pero, ahora, cuando ya se le fueron las ganas de volver y la nostalgia se había apoderado de las ilusiones; ahora, cuando el sentimiento se volvía oscuro, no se atrevía a preguntárselo.
Ahora era tarde. Había pasado el carnaval.
A veces pensaba que ya no quería volver a verla. A veces, pensaba que sí.


                                                                                                                                                             Víctor Wang


La casa te está esperando


De pié, como esperan los amantes inquietos
en el andén.

Vacía.
Con ganas de llenarse de ti.
Mirando al horizonte.
Deseando sentir que entra tu llave
y llega tu hola
y que vuelve a sentir la planta desnuda de tus pies
al recorrerla.

Con las ventanas muy abiertas
y los brazos también,
la casa te está esperando.

Posted by Ático at 13:21:48 | Permalink | Comments (11)

Sunday, July 13, 2008

Sexagésimo segunda: Sólo recuerdo

Mi desconocida:
Sólo recuerdo que acariciaba con la mirada, que la dejaba caer como quien deja caer parte de sí. Como un regalo.
Sólo recuerdo que, al despedirse, puso su mirada sobre mí como una mano de amigo sobre el lomo de un gorrión.

 
                                                                                                Ennio Montariello


Mis ausencias recuerdan tus ojos serenos


Son tus ausencias
las que rasgan la tarde pensativa.

Son tus miradas
las que enredan pegadas al recuerdo.

En mi retina mantengo
archivados
como relatos soñados
como los libros más amados de mi librería
unos ojos serenos que me miran.

Limpios, amables, sinceros;
enteros de amor y paciencia.

Mis ausencias están en tus ojos serenos.

 

Posted by Ático at 21:28:17 | Permalink | Comments (1) »

Sunday, July 6, 2008

Sexagésimo primera: Realidad perpleja

Mi desconocida:
Cada vez que llegaba, lo veía pasar como si nada.
Todas las tardes que anunciaban su llegada, se ponía el vestido aquel, se vestía en la mirada aquella y se pasaba por el muelle que un día fue de despedida.
Luego, cuando el gran barco llegaba, lo veía pasar como si nada.


                                                                                             Javier Arizabalo

De no volver a verte

De no volver a verte, mañana.

De llegar al puente
y encontrarlo desnudo
por abajo y por arriba
y mirarle las enaguas
y descubrir a alguien
escondido en sus ojos
de verde transparente.

De llegar a la luz
cuando amanece
y saber
que tu mirada de ilusión
se ha bajado ya, más que deprisa,
en la última estación de cercanías.

De llegar a olvidarte, tengo miedo.
Aunque no lo confiese, tengo miedo
de no volver a verte,
mañana.

Posted by Ático at 22:22:20 | Permalink | Comments (1) »