Domingo, Septiembre 30, 2007

Vigésimo sexta: Preparando la maleta

Mi desconocida:

Nos pasamos la vida deseando cosas, disputando cosas, acumulando cosas. Nos pasamos la vida organizando y preparando la maleta. Y luego nos vamos sin ella.


 
                                                                                             Claude Monet.- Gare Saint Lazare


Memorias de andén


No me iba
por no dejar el equipaje en la memoria.
.
Tanto era
que pesaba
y dolía -antes de tiempo-
el camino que habría de emprender.
.
Hice ademán de partir
y me cubrieron.
.
Recorrí el camino, corto de distancias,
sin paisajes
ni estaciones
ni tiempo que me diera de pensar.
.
Tan corto.
Tan estrecho.
Tan ausente de curvas
que aún busco en mi memoria
una emoción en el trayecto.
.
La llegada - invisible-
sin letrero de advertencia
ni saludos
ni nada que indicara la alegría
de verme ya, por fin,
entre la gloria.
.
Desnudo me vieron llegar
y no se sorprendieron.

.

Posted by Ático at 20:47:27 | Permanent Link | Comments (11) |

Domingo, Septiembre 16, 2007

Vigésimo quinta: Cebolla

Mi desconocida:

Si no fuera porque, aquella mañana, la montaña se inundó de niebla, todo habría sido distinto.

Era un hombre con suerte. Era un hombre importante y lo ejercía., Era, para su edad, uno de los directivos más aprovechados y de mayor influencia de la zona, decían los periódicos. Y también, que pocas cosas se movían sin que él lo consintiera. Vivía con amplitud y dicen que satisfacción. Digamos que estaba instalado.

Si no fuera porque, aquella mañana, se le torció la brújula de la suerte, a estas horas estaría de vuelta; quizá ya duchado, quizá ya sentado confortablemente, quizá ya disfrutando de una conversación agradable, en una velada interesante. Como siempre.

Por eso, cuando tomó el camino equivocado -en un error casi imperceptible- algo cambió de modo radical: empezó a enfrentarse a su propia naturaleza.

Por eso, cuando tomó conciencia de que estaba perdido -en medio de no se sabe dónde- empezó a desnudar su personalidad como una cebolla a la que se le va retirando la ropa, pieza a pieza, capa a capa, con tan descarnada evidencia.

Por eso, si no fuera porque se perdió, no se habría puesto nervioso. De hecho, en su despacho no se ponía nervioso jamás. Sin embargo, en medio de la niebla, cuando cada rectificación se convertía en un nuevo error, se sintió muy solo y acabó perdiendo hasta los nervios.

En el Club, al que solía acudir habitualmente para hacer deporte y mantener su vida social, no se hubiese arrugado por algo tan nimio como el haberse retorcido un tobillo. Lo habría llevado con naturalidad. Casi diría que con elegancia. En cambio -en medio de no se sabe dónde- el tobillo era su vida, junto con su cabeza. Por eso, cuando perdió la funcionalidad del tobillo, perdió también la cabeza.

Decidió tirar con la mochila, que tanto le pesaba, y seguir arrastrándose sin saber adonde.

Le pesaba la mochila y le sobraba. Le pesaba su teléfono móvil descargado, y descargado, le sobraba. Le pesaban hasta sus múltiples tarjetas de crédito. Todo lo útil, ahora le pesaba y le sobraba.

Por eso, cuando se arrastró, durante horas, sin su mochila y sus pertenencias y sin sus recursos habituales, como un caracol sin rumbo, se sintió desnudo de todo lo que no fueran, su cuerpo y su ánimo. Allí estaba él. Lo demás, eran accesorios.

Por eso, aquella mañana de niebla -en medio de no se sabe dónde- el hombre cebolla se quedó desnudo.

 

Leonardo y la cuadratura humana                                                         

Paseo

He salido a la calle
a darme un paseo
y estirar las piernas
de mi razón.
.
He vuelto cansado,
pequeño y frágil.
Solo he visto en mí, un hombre.
Poca cosa.
.
Más encorvado,
más humilde,
más recogido sobre mí mismo.
Más hombre.
Más poca cosa.
.
He salido a la calle
y he vuelto
hecho un hombre.
.

Posted by Ático at 19:56:14 | Permanent Link | Comments (4) |

Domingo, Septiembre 09, 2007

Vigésimo cuarta: Pecar con prudencia.

Mi desconocida:

En aquel tiempo, Longinos aún no sabía lo que le habría de venir.

Era un joven sonrojado por fuera y lleno de sangre por dentro.

Por entonces, el pecado le parecía engañosamente cercano. Hasta cuando se sumergía en el silencio, percibía en él una provocación. La tibieza de una inocente mañana soleada, era suficiente para mover alguno de aquellos resortes desconocidos, invadir su estado de ánimo, llenar su cesta de necesidades y proponerle la cuesta abajo.

Era un reloj a punto. No necesitaba hacer nada para pecar.

Con prudencia, le dijeron, con prudencia.

 

.

Pecar con prudencia

Debería pecar despacio.
Con prudencia.
Sólo un día.
Sólo un poco.
Entrar con la punta del deseo.
.
Posted by Ático at 20:41:04 | Permanent Link | Comments (5) |

Domingo, Septiembre 02, 2007

Vigésimo tercera: La rueda

Mi desconocida:

Salí con la misma ilusión del año pasado. Con los mismos pantalones y la misma camiseta. El chubasquero y las botas también eran las mismas; pero no así la mochila. La mochila era nueva.

Me levantaba a la misma hora, caminaba durante un espacio de tiempo similar y llegaba al albergue con el mismo cansancio. Recorría los mismos quilómetros y hacía los mismos descansos. Sin embargo, los paisajes eran otros, las gentes tenían otro sabor, y los albergues y los pueblos, también.

Salí con la misma ilusión del año pasado, pero con otra mochila.

Una señora, sentada a la puerta de su casa, tomaba la sombra - si es que la sombra se puede tomar tal y como se toma el sol - Parece que la sombra daba, a la misma hora, sobre el mismo lugar que le año pasado. Ella estaba sentada, también, en el mismo banco y en el mismo camino del mismo pueblo; que era tal desde hace siglos. Sin embargo, los caminantes que pasaban por delante de su vista, eran, en su mayoría, otros.

El mundo que he visto era el mismo y era otro, a la vez.

Por eso se entiende que haya salido con una mochila nueva y haya vuelto con una mochila usada. Aunque fuese la misma.

 

LA RUEDA

La primera mirada
desde la rueda
fue una mirada adolescente y plana.
La segunda,
ilusionada,
impulsó tanto la noria,
como hubiera de bajar
cuando bajara.
.
El giro ya es costumbre.
Se suceden las miradas
como cuentas de rosario
delicuescente y cansado.
Mirada circular y recurrente.
Es la mirada del pez
que pierde una nota en cada línea.
Es la rutina de la gente.
.
Ella, revestida de niña,
descubre algo nuevo
en cada vuelta del tiovivo.
.
Posted by Ático at 20:27:23 | Permanent Link | Comments (2) |