Duodécima: Rojo bermellón
Mi desconocida:
Me lo dijo una tarde de esas en que las confidencias eran un bálsamo para ella:
"Supe que era un peligro en cuanto lo vi llegar. Venía por el largo túnel, ensortijado en madreselvas. Venía a por mí.
Me miró y nuestros ojos quedaron enhebrados. No se soltaban. Me tenía prendida con la vista. Tiraba. Se estiraba. Se tensaba, como un arco, para tomarme. Se acercaba. Me hundía.
Hizo un tirabuzón con sus piernas, antes de entrar, y esbozó una sonrisa para salir. Se burlaba del juego y yo consentía. Entró y salió cuanto quiso. Todo eso sin besarme.
- Bésame, supliqué.
- No me condenes, dijo. Y se fue con el rabo entre las piernas."
No supe qué responder a la confidencia.
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Acariciando la pasividad
La tomó con calma, como accede el lobo al entrar en la espesura. Y ella se dejó hacer. . Mandó que las manos se fueran, que las luces chocaran, que las sombras cubrieran y que los licores llenaran el alma. . La tomó por detrás y con cuidado, como entra la noche en la espesura. . Líquidos, se volvieron los árboles; oscuro, el horizonte sin contraste; espesos, los verdes finales. Y ella se dejó hacer. .









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Yo no bu
Un
pero también vacant
Abrazos.
Gabriela