Sábado, Marzo 31, 2007

Tercera: De juego y lenguaje

Mi desconocida:

El macho león entró en el parque natural. Entró despacio, como cualquier mañana de domingo, con el periódico bajo el brazo y disfrutando de un sol que invitaba a la pereza.
Una hembra leona, ajena, jugaba distraída con su cría.
La hembra leona, cuando juega, cuando mueve sus caderas, o sea, sus cuartos, envía caricias al cerebro del macho león.
El macho león sintió la sacudida y se hizo el despistado. No era un macho vulgar, por lo que abrió el periódico. Comenzó a leer, con el rictus apretado del miope, y a todo el mundo le pareció un macho serio.
Más tarde, alguien se le acercó, le traspasó una cría e intercambiaron cuatro frases formales. Después, alguien se fue sola y el macho recordó que tenía un periódico.
Su cría y la cría de la leona ajena, recién se conocieron para jugar, ya jugaban con ella. La hembra, juguetona, moviendo sus caderas, o sea, sus cuartos.
El macho león soltó el periódico, se quedó pensativo, aflojó sus patas y dejó descansar su cuerpo en el suelo. Allí mismo se murió de gusto.

 

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Juego

Mientras nos besamos,
en las sombras del parque
de labios y oquedas,
deja que jueguen
tu niña y la mía.
Que se reconozcan,
si no se conocen.
Deja que se toquen
mientras nos besamos.
Llenas de gozo se buscan,
se encuentran,
se tocan, se mojan,
con tanta inocencia...
Deja que jueguen
dentro de la casa
que tus labios abren,
mientras yo te beso.

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Sábado, Marzo 24, 2007

Segunda: Acurrucado

 

Mi desconocida:

Acurrucado en la esquina discreta de un recuerdo, acostumbrado a frecuentar su visita cada noche, no es más que un hombre amarrado a una imagen.

Ella no era un simple recuerdo. Lo hubiera sido todo, si existiera el todo.

Acurrucado en el vacío, se deja mecer por la nostalgia, que se escurre tibia entre sus piernas, como si se orinase encima todos los recuerdos agradables sin moverse. Es un hombre inmóvil.

Acurrucado en su intención, en su vana intención, en los muchos y dolorosos esfuerzos del pasado, doblegado por ellos, se siente un hombre viejo, que ha de girar la cabeza para poder contemplar, en el calendario, su olvidada fecha de caducidad.

Acurrucado en la escalinata de una iglesia pija, por donde pasan todos los días las miradas transparentes, las pisadas discretas y las personas decentes, se siente un ser pequeño y desagradecido.

Acurrucado en la esquina discreta de un recuerdo, se mira.

 

 

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La esquina discreta del recuerdo

Me veo en la esquina discreta de un recuerdo.
Me descubro tenue
y con mis costuras un poco deshilvanadas.
Quizás esté buscando una luminaria nueva
en medio de un desierto ciego;
quizás la libélula
que me deslumbró una noche.
Era, ella, una diadema imantada
que dejaba, tras de sí,
aquel olor a sándalo.
Era ella, seguro
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Sábado, Marzo 17, 2007

Primera: Sábado iniciático

Mi desconocida:

Como es el primer sábado que salgo a la terraza, uno no sabe por dónde empezar.

Es, como el primer día que visité a la que fue mi mejor maestra; la que me enseñó a enseñar. Tampoco, entonces, sabía por dónde.

Y es que, en cierto modo, para todo hay un primer día.

Recuerdo el primer día que fui al colegio. Fue una iniciación entrañable. Me sentía excitado por los gritos, los juegos y las carreras. Estaba subido de entusiasmo. Me ha ocurrido en otras cosaiones, en otros lugares. Pocas, pocos.

Y recuerdo la primera vez que recité un poema por la radio. Era un niño. Un niño espabilado, decían. También decían que no me ponía nervioso y que era muy tranquilo. Y no era cierto. La verdad es que me sentía en el aire, como una pluma al vuelo. Me miraban todos los ojos del mundo, creía yo. Me escuchaban, expectantes, todos los oídos del mundo, pensaba. Se mofaban, irónicos, todos los seres del mundo, me temía. Nada de eso era cierto, pero yo lo sentía como una carga pesada y digna de alivio.

Seguro que tú, sutil lectora, tienes en la memoria muchas de tus propias primeras veces: Recuerda sino, tu primer suspiro sin saber el porqué, tu primer beso, el primer bobo al que dijiste que no, el primer novio, el primer enfado, el primer sollozo de enamorada, la primera mentira, el primer mes con dolores, el último, que también es primero, el primer hijo, la primera casa, el primer desengaño, la primera amiga de verdad, el primer sacrificio, el segundo desengaño...

Como es el primer sábado que salgo a la terraza, uno no sabe por dónde empezar. Es, como he dicho, como el primer día que visité a la que fue mi mejor maestra; la que me enseñó a enseñar.

 

Entrada iniciática

Tranquila, plácida sonrisa eterna,
me esperas prometedora
en tu morada cálida.
Con tus puertas entreabiertas
me atraes suavemente,
y me pides que entre sin vacilar.
Tomas mis manos con las tuyas,
para que sienta, de tu pulso,
que entro sin violencia por tu puerta.
Y entro.
Me haces sentir a gusto,
cuando ya estoy.
Le gritas al mundo
tu gozo de visitada.
Luego, vives conmigo el sosiego
y la paz.
Y yo, agradecido, y aún tierno
por la emoción de la primera vez,
por primera vez me disuelvo. 
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