Sábado, Diciembre 29, 2007

Trigésimo quinta: Por fin, de acuerdo

Mi desconocida:
Se pusieron todos de acuerdo. Esperaron el momento justo. Se levantaron, tomaron frutas y se abrazaron.
Luego, después de beber, se ignoraron.









Ensayo de una bienvenida

Se le han caído ya
las hojas marchitas al calendario.

Un número nonato se está vistiendo
en la capilla del preámbulo festivo

mientras aprende a rozarse con el hábito
y la familiaridad.

Se convertirá en uno más de la casa
al pasar las primeras alegrías
y haber aceptado las primeras facturas
con fecha.

Antes de que se retire la piel de estreno
será un conocido de toda la vida.

Preparémonos para  darle un viva sonriente y alegre,
no vaya a dudar de nuestro deseo de bienvenida.

Preparémonos para el viva,
no se imagine su muerte en un año.




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Sábado, Diciembre 22, 2007

Trigésimo cuarta: Días de amor

Mi desconocida:
Dice Longinos que entramos en días de amor.  Él cree en las buenas personas y hace bien. También cree en Dios.
Longinos se siente a gusto porque entramos en estos días. De la misa del pasado domingo salió con el espíritu arreglado y las palabras de la homilía reconfortándole la conciencia: “Son días de amor y de llevarnos bien los unos con los otros”.  Y Longinos interpretó que en las próximas misas descansarían las veladas alusiones a los otros. Longinos es un poco ingenuo. Y tolerante. Por eso me gusta.



                                                                                                     Morgan Weistling




Exhorto de un Niño Jesús tolerante

Hombres de todo el mundo,
sed tolerantes.

De los exclusivistas,
racistas,
detentores de la esencia,
nos libre Dios.

De los que gozan de la santa ira,
de la santa venganza
y de la santa hipocresía,
nos libre más.

De los fundamentalistas, inquisidores,
castradores, tutores, redentores,
y de la cólera de Dios,
nos libre Dios.

Hombres de todo el mundo,
sed tolerantes. ¡Por Dios!


 

Posted by Ático at 10:20:49 | Permanent Link | Comments (5) |

Sábado, Diciembre 15, 2007

Trigésimo tercera: Tu abanico

Mi desconocida:
Porque busco tu encuentro, te encuentro en todo lo que veo.
En una terraza urbana, a la vista del sol de invierno que se sorprende a sí mismo por su inesperada presencia, desde la mesa de enfrente, una mirada vuela. No es la paloma de la paz, que es el águila que baja rápido y rápido se va.
Cada vez que el ágil camarero rompe el espacio, con su ida y su vuelta, hay una tregua. Tras la tregua, la terraza se sosiega, las miradas se preparan y las dos águilas suben, se cruzan y casi se tocan. Las águilas vuelven y aterrizan en sus nidos con la misión cumplida.
Entonces se mueven las manos, que sí son palomas, y luego tus piernas, tomadas por el sol, pasarelas de la inquietud, alargadas hasta un final inconcreto.
Cuando todo está en su sitio: la mirada en el horizonte, las manos sobre la mesa, las piernas orgullosas, el vestido oculto tras el cuerpo, aparece tu abanico y me habla sin palabras.
¿Serás tú?



                                                        Gustav Klimt


Tu lenguaje no verbal


Tus manos aladas
Moverlas
Posarlas
Ponerlas
Quitarlas

Tu vestido nuevo
Sentirlo
Estirarlo
Subirlo
Bajarlo

Tus piernas cruzadas
Soltarlas
Juntarlas
Cruzarlas
Taparlas

Tu amplio abanico
Asirlo
Soltarlo
Abrirlo
Cerrarlo

Tu mirada discreta                         
Dejarla
que busque
a la otra  
mirada.

 

Posted by Ático at 14:08:08 | Permanent Link | Comments (4) |

Sábado, Diciembre 08, 2007

Trigésimo segunda: Me cohíbes


Mi desconocida:
Me has acompañado en el mensaje del silencio. Has sido mi compañera de nostalgia por un día. Me he sentido acompañado, sí. Pero también, desnudo, con los sentimientos al aire.
Por eso...
No me sigas tan de cerca, no te asomes tanto a mí, o verás mis defectos. Y eso me cohíbe.
Sepárate un poco. O, más bien, protégeme de ti. Disimula mis faltas.
Me hace falta.
Uno de estos días me quitaré la armadura y te hablaré sin rodeos, sin esquinas, sin pellizcos al vocabulario. Desnudo de lenguaje te enseñaré mis debilidades, que son mis aparentes fortalezas. Me dejaré ir, contándolo todo.
Y tú me mirarás mientras hablo.



                                                                                           Jacob Collins




Porque me lees...

Porque me lees...
Vivo,
Escribo,
Siento,
Disfruto,
Padezco,
Y resucito.

Porque me das razones para eso.
Y eso, sin decirlo.

Porque me animas
cuando decaigo.
Porque vives mis flaquezas
como si fueran otra cosa.
Porque sabes hacerte la tonta
y mirar para otro lado
cuando resbalo
y me caigo.

Porque me das razones para sentirme bien.
Bien que lo haces,
sin decirlo.




 

Posted by Ático at 13:32:29 | Permanent Link | Comments (6) |

Sábado, Diciembre 01, 2007

Trigésimo primera: El silencio de Rosalía

Mi desconocida:
Hace tiempo que no te escribo directamente. Y sin embargo, siento que estás ahí. No siento la ausencia como un estorbo, sino como argamasa de sentimientos.
Será el silencio, que nos une más que las palabras. Será la nostalgia de lo que aún no ha acontecido, anticipo de amargura. Será la distancia cómplice, que se deja recorrer en ida y vuelta, como cartero silencioso.
Será el silencio.



                                      Campanario de la iglesia de Bastabales (Paz Zeltia)



Silencio, también

Hay un tacto sutil que va y que viene.
Hay un hilo de seda que nos une.
Hay nostalgia en el aire que me envuelve.
Hay campanas cansinas en la tarde
de un otoño tibio y deshojado.
Hay montañas de tierra desgastada
cubriendo mi emoción
hasta enterrarla.
Hay un cielo hambriento de esperanza.
Ay, amor,
¿por qué no dije lo que siento?



Posted by Ático at 16:55:59 | Permanent Link | Comments (5) |