Sábado, Octubre 20, 2007

Vigésimo novena: Por unos días

Mi desconocida:
Pon en tu bolsa de viaje los recuerdos más queridos. Llévatelos. No los dejes aquí, no sea que se te olvide el camino de vuelta y te quedes sin ellos.
Haces el equipaje con la precisión y la eficacia de una mujer, el arrimo amoroso de una mujer, el cuidado y la resolución de quien sabe lo que hace. Siempre me he sentido inútil en eso. Lo sabes. Y sabes que te miro.
Tú no me miras. Se diría que sólo miras hacia adelante.
Callado, desde una esquina de la habitación, te observo hacer.  Haces sin hablar. Tú no te has callado, simplemente no hablas.
Yo sí me callo. Contengo con dificultad tantas preguntas como inquietudes.
Sé que sólo es por unos días.






Casi no me acuerdo de ti de tanto acordarme

       
Hace tanto tiempo que te fuiste.
No sé si fue ayer o anteayer.
Hace tanto...

No recuerdo exactamente
lo que me dijiste
al despedirte.
Pero siento aquí la despedida.
La siento tanto...

Estoy esperando que vuelvas.
Porque te quiero.
No sabes cuánto,
no sabes cuánto...




 

Posted by Ático at 23:04:15 | Permanent Link | Comments (18) |

Sábado, Octubre 13, 2007

Vigésimo octava: Una persona

Podemos aceptar que era una persona más. Una de tantas que nacen y mueren, buscan y dan. Por ejemplo, ella era de los que se dan.
Podemos aceptar que era una más. Una de tantas que sienten, padecen, incordian y sonríen. Porque ella era de las personas que siempre sonríen.
Podemos aceptar que era una persona como tantas que se relacionan con nosotros y que, en mayor o menos grado, aguantamos y nos aguantan. Porque, en efecto, ella sabía aguantar a los demás.
Podemos aceptar, por tanto, que era una persona más de las que pasan de largo.
No sé, entonces, por qué a partir de ahora todo volverá a su sitio y nada será igual.


 


 

A la ciudad del olvido
.

Sirenas de dolor
recorren la ciudad
imitando el vuelo
de la despedida.
.
Vuelan sin mover las alas
para que más se note
la inacción y el olvido.
.
Para que se consuma
el dolor
sordo
en las gargantas.
.
Ellas saben
resumir el dolor
sin palabras.


.

Posted by Ático at 20:59:29 | Permanent Link | Comments (12) |

Sábado, Octubre 06, 2007

Vigésimo séptima: Se apaga una vela




Había sido feliz, a pesar de no haberle faltado de nada.

Cuando recibió la noticia, tardó siete días en disponerse. Luego, todas sus vivencias se sucedieron, cogidas de la mano, como los vagones del tren que sale sin prisa de la estación.

Todo lo hizo siguiendo un orden.

Las llamó, de una en una, y con cada una tuvo su detalle. Con la más querida se detuvo a llorar.

Finalmente, repuso el ánimo en su sitio y le dio a las cosas su verdadera importancia. Sin muchas palabras.

.

 

 

Cómo se apaga

.
Se apagan las velas
de una en una
como en un rito.
Sin alegrías.
Como en el nacimiento
de la noche sin estrellas.
.
Una de ellas, la más querida
se va a su hora
como la crónica de una muerte anunciada
muchas veces presentida
mil veces preparada
y dolida tantas veces.
.
Se apaga en silencio.
Como ha de ser.

 

 

Posted by Ático at 17:00:00 | Permanent Link | Comments (11) |