Decimosexta: Despeinada
Mi desconocida:
Te supongo tranquila, detrás de tu anónima trinchera, sonriéndole confiada a un inocente juego de palabras.
O quizá, imaginando una aventura soft, entre algodones y plumas, en una habitación tranquila, de cama amplia, sábanas limpias y vistas agradables.
Ella era capaz de salir a la luz, soltar los botones de su pecho, deshacer el orden de lo cotidiano y provocar un pequeño torbellino.
Era capaz de mostrar su lencería en una habitación estrecha, de un hotel ruidoso, de un barrio más que sospechoso, de una ciudad tercermundista.
Yo te deseo, con los botones al aire, con la mirada envuelta en sonrisa y la sonrisa en mensaje.
Y aunque sea en habitación tranquila, en cama amplia, con sábanas limpias y vistas agradables, yo te deseo despeinada.
La habitación tranquila
. La habitación tranquila La cama amplia Las sábanas limpias Las vistas agradables . Los cuerpos cercanos El pensamiento turbado El gesto elocuente La mirada perdida . Las distancias cortas Los juegos prohibidos El pelo revuelto Las sonrisas cómplices . Los cuerpos tendidos Las manos abiertas Las bocas mojadas La sangre allí . El vientre expectante El caballo galopando El pecho abierto Las piernas más . La tormenta en la tarde El sueño en la noche La luz en la mañana Y el beso de la paz . La habitación tranquila . .
Sigo visitándole y disfrutando de su lectura.
Sigo atenta su prosa y su poesía, sigo pendiente de sus palabras.
Sigue siendo para mí un placer.
Un abrazo
Kit
La desconocida de piernas largas le toma la mano y lo lleva corriendo a la “habitación estrecha, de un hotel ruidoso, de un barrio más que sospechoso, de una ciudad tercermundista”. No puede detenerse, esa mujer lleva los huracanes entre las manos y se abre el pecho en cualquier callejón. Esa mujer parpadea y hace llover, sonríe y hace aparecer la “habitación tranquila, de cama amplia, sábanas limpias y vistas agradables”. Usted podría pensar que esa mujer tiene magia, pero yo le digo que esa mujer lo ha elegido a usted… ¿de quién es la magia?
Besos desde la ciudad tercermundista…
Kit, adelante, pase sin llamar. Estamos esperándole. Deje la puerta abierta, ventilante. Su visita nos trae aire fresco del Pirineo Oriental.
Miriam, ¿dónde dejaría la mujer, sus largas piernas, con mayor confianza?
¿En un ropero de la habitación tranquila?
¿En el paragüero de una habitación estrecha?
vengo en busca de la rendija… no sé si la encontraré!
Mi querido Ático, el mejor lugar para dejar las piernas infinitas es el deseo de un hombre; ahí están bien seguras. Mas besos.
Y, para cuándo podremos leer sobre otras mujeres? Las de luces apagadas y persinas bajadas en cuartos que la imaginación no repara en imaginar, ocupada como está en otros quehaceres. Las que se dejan desnudar, aunque sólo sea por sentir el deslizar de unos dedos espectantes sobre su piel. Las que bajo la gabardina de un día de tormenta apenas lleván tres gotas de un perfume embriagador y tropical … y un par de altos tacones. Las que olvidan conscientemente hasta el color de la ciudad en que están.
Tres simples gotas de perfume bajo una gabardina y una mirada ilusionada tras la celosía. Se lo pido como un reto personal. Escríbalo y regálenos a todos con su lectura.
Hola! Esta es mi primera visita y me ha gustado este post. Volveré.
Muy buen deseo.