Decimoquinta: Es decir, en la memoria
De ese chico travieso, que has parido sin condiciones, y que te hace daño cada vez que se olvida de darte un beso.
Es decir, en la memoria
. Se fue una mañana. Una mañana gris por dentro que por fuera no importa. . Se fue despacio y consumida. . Al día siguiente cuando el hecho es más verdad que la vida y los que quedamos ya hemos firmado ella entró en la piedra enfundándose la saya del olvido. . Cada año, una o dos veces, la visito. Y la veo, cada año, más hermosa. Mujer a los treinta y de buen talle y guapa de cara; al lado de su hombre que no era guapo con más nariz, más alto y más delgado. Él era el mástil de la moto. Y ella detrás, sentada en traversa y sujeta a él por la cintura con el brazo derecho; que con el izquierdo saludaba a sus hijos. . Sus hijos. Bueno uno, aunque travieso. El otro bueno. Uno alegre y un poco alocado. El otro bueno. . ¡Cómo te parecías a Sophia! ¡Cómo vivías tu pulsión de enamorada de tu hombre y de tus hijos! Uno bueno, aunque travieso. El otro bueno. . ¡Cómo te recuerdo joven y guapa, viva e ilusionada con tu hombre y con tus hijos! Uno bueno, aunque travieso. El otro, bueno. El que te visita en la piedra y te mantiene en el Cielo. . Es decir, en la memoria. .






Ático, la sensibilidad te traspasa la ropa...
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